https://www.dropbox.com/s/kusop3easef2735/Pichilemu%20-%20mis%20fuentes%20de%20informaci%C3%B3n.pdf
sábado, 12 de abril de 2014
lunes, 24 de marzo de 2014
Pichilemu, Cantos de Puetas
https://www.dropbox.com/s/wrl4160mm23ydsm/Pichilemu%2C%20Cantos%20de%20Puetas..pdf
Volver a los diecisiete, después de ver la luz, tras una afortunada gestión de Fernando Urzúa, durante una amena conversación en Radio Atardecer FM, de Pichilemu, en la que exortó a un reconocido colchagüino, Roberto Michelini a patrocinar la publicación de ésta obra y él asumiera el compromiso de realizar el aporte necesario para concretar el trabajo de los cantores pichileminos, Esta feliz realidad trajo a poco andar algunos trabajos individuales; un libro de Miguel Becerra y un CD, de Hugo González, lo que en definitiva ha mostrado su potencia estimulante, valía la pena y se agradece infinitamente a varios gestores más que se involucraron en esta obra.
Volver a los diecisiete, después de ver la luz, tras una afortunada gestión de Fernando Urzúa, durante una amena conversación en Radio Atardecer FM, de Pichilemu, en la que exortó a un reconocido colchagüino, Roberto Michelini a patrocinar la publicación de ésta obra y él asumiera el compromiso de realizar el aporte necesario para concretar el trabajo de los cantores pichileminos, Esta feliz realidad trajo a poco andar algunos trabajos individuales; un libro de Miguel Becerra y un CD, de Hugo González, lo que en definitiva ha mostrado su potencia estimulante, valía la pena y se agradece infinitamente a varios gestores más que se involucraron en esta obra.
lunes, 18 de marzo de 2013
Ropa Tendida
Hay Ropa Tendida en el Centro Cultural Agustín Ross E., además otros títulos y obras muy lúdicos de la artista Ruth Valentini, quien "juega" y muy bien a ser pintora de domingo, esto es por percepción propia, ya que es una artista consumada, con una sólida formación en Paris, del mismo modo que su familia, con otras expresiones, la música, el canto.
Ruth creó su prole con Angel Parra (nombre de artista), hijo de la mítica Violeta Parra, Angel con una gran trayectoria artística propia y por cierto con descendencia y evolución en sus propuestas, Javiera incursiona con éxito en el canto y música contemporánea, la vimos presentando en televisión el diverso mundo del rock-chileno. Ellos son objeto, también, del imaginario de Ruth, como dije, está la Ropa Tendida y algunos objetos cotidianos que cobran otra dimensión en el ojo, su paleta y la tela. Pero sus modelos son sus afectos y ahí están prodigados. Por ahora son huéspedes de Beatriz Hagel en el Centro Agustín Ross E., en Pichilemu. Ve a verlos, sorpréndete y regálate ese gusto.
Recibí la invitación por correo en la última semana y tenía programado ese viaje desde un mes y medio, iré a verla, no la conocía ni tampoco su vínculo con Angel Parra, nunca estuve con él, sólo conozco algo de su obra, especialmente su co-producción con el escritor, Manuel Rojas, titulada, Las Salinas, sobre las salinas de Cáhuil y sus vivencias junto a su querida familia en dicha localidad. La búsqueda del mencionado tema tiene un larga historia, desde los primeros versos de Rojas, hasta un clip en Internet con una introducción del mismísimo Manuel Rojas, los versos musicalizados por Angel Parra e imágenes Cahuilinas, de fondo, bello, lo he repuesto unas cuatro veces en mi sitio de Facebook y en este blog.
Me presente con Ruth Valentini y le contaba que conocía el trabajo de Rojas y A. Parra, el modelo en varias de sus telas, es que Angel es mi marido y hoy cuando viajábamos para acá, él se recordó de eso y trató de cantarla, había olvidado buena parte, hace mucho tiempo que lo hizo y cuando ocurrió, no conocía el lugar, hasta ahora y le ha fascinado. El está aquí y tuve la oportunidad de repetirle el cuento, todo bien, un teléfono de contacto y nos separamos dentro del Salón.
Hasta que recuerdo que en mis carteras llevo, inusualmente, un pendrive en que tengo el registro del tema en cuestión, con la complicidad de Manuel Miranda, lo insertamos en la música ambiental de la Sala. En cosa de segundos, Angel reconoció la voz de Manuel Rojas, emocionadísimo se dirigió al lado de Ruth y de Javiera quienes lo apapacharon con todo su gran cariño. Todo un sorpresa.
Ruth creó su prole con Angel Parra (nombre de artista), hijo de la mítica Violeta Parra, Angel con una gran trayectoria artística propia y por cierto con descendencia y evolución en sus propuestas, Javiera incursiona con éxito en el canto y música contemporánea, la vimos presentando en televisión el diverso mundo del rock-chileno. Ellos son objeto, también, del imaginario de Ruth, como dije, está la Ropa Tendida y algunos objetos cotidianos que cobran otra dimensión en el ojo, su paleta y la tela. Pero sus modelos son sus afectos y ahí están prodigados. Por ahora son huéspedes de Beatriz Hagel en el Centro Agustín Ross E., en Pichilemu. Ve a verlos, sorpréndete y regálate ese gusto.
Recibí la invitación por correo en la última semana y tenía programado ese viaje desde un mes y medio, iré a verla, no la conocía ni tampoco su vínculo con Angel Parra, nunca estuve con él, sólo conozco algo de su obra, especialmente su co-producción con el escritor, Manuel Rojas, titulada, Las Salinas, sobre las salinas de Cáhuil y sus vivencias junto a su querida familia en dicha localidad. La búsqueda del mencionado tema tiene un larga historia, desde los primeros versos de Rojas, hasta un clip en Internet con una introducción del mismísimo Manuel Rojas, los versos musicalizados por Angel Parra e imágenes Cahuilinas, de fondo, bello, lo he repuesto unas cuatro veces en mi sitio de Facebook y en este blog.
Me presente con Ruth Valentini y le contaba que conocía el trabajo de Rojas y A. Parra, el modelo en varias de sus telas, es que Angel es mi marido y hoy cuando viajábamos para acá, él se recordó de eso y trató de cantarla, había olvidado buena parte, hace mucho tiempo que lo hizo y cuando ocurrió, no conocía el lugar, hasta ahora y le ha fascinado. El está aquí y tuve la oportunidad de repetirle el cuento, todo bien, un teléfono de contacto y nos separamos dentro del Salón.
Hasta que recuerdo que en mis carteras llevo, inusualmente, un pendrive en que tengo el registro del tema en cuestión, con la complicidad de Manuel Miranda, lo insertamos en la música ambiental de la Sala. En cosa de segundos, Angel reconoció la voz de Manuel Rojas, emocionadísimo se dirigió al lado de Ruth y de Javiera quienes lo apapacharon con todo su gran cariño. Todo un sorpresa.
viernes, 25 de enero de 2013
lunes, 18 de junio de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
jueves, 15 de marzo de 2012
Hay un barco en la bahía.
Un barco en la Bahía.
El Prat, el O’higgins o el Almirante Latorre, 04 o 05, una o dos veces. Me consta sólo una vez y todavía me parece increíble, una nave de la Armada a unos 200 metros de la línea de playa, ahí donde se extingue la última ola, frente al histórico Muelle Ortúzar, demostrando de paso, que las condiciones del fondo marino no han variado sustantivamente, quizá ahora, después del tsunami haya experimentado algún cambio.
El llamado canal existía, medido y explorado por Francisco Vidal Gormáz y declarado por éste como el lugar más apto para construir una instalación portuaria, luego de estudiar la costa de las provincias de Colchagua y Curicó en dos ocasiones, el año 1872 y 1885. A don Daniel le bastó el primer informe y primero que todo, compró a doña Jacoba Gaete los terrenos adyacentes al borde costero, obtuvo un Decreto Supremo que lo autoriza a construir un muelle e inició las obras, las que ya concluían cuando Vidal Gormáz realizó la segunda visita.
Lo cierto es que en ese preciso lugar es que la nave, instalada ahí a fines del año 73, con toda la paranoia post golpe, debía de tener una razón gorda para exhibir su eslora por babor, esa tarde. El ágape de una veintena de amigos de siempre, transversales, claro está, puro jolgorio juvenil. La vaquita infaltable y el auspicio de los anfitriones, la Hostería Rex.
Todos jurábamos estar piolitas, los ventanales con sus respectivas cubiertas que los defienden de las inclemencias del norte y la lluvia, y ahora, de la vista. La exposición de un grupo de jóvenes enfiestados, en estado de sitio, nos hacía merecedores a una sanción. Cosa grave, pero el revuelo no era por nosotros, nunca tanto. Una recomendación del jefe de la plaza a terminar lo más pronto y todos para sus casas.
El correo de las brujas, dice que durante la noche anterior, un presunto pesquero realizó un intercambio de señales de luces desde el mar a tierra, a la cuadra del lugar denominado Nazareto o Lazareto, un sitio de dunas, cuyas arenas colonizaron el espacio del borde costero que media entre el océano y la ribera del Estero de Petrel, ahí donde éste cambia su dirección hacia el sur. Pués bien, en los alrededores de dicho lugar, jóvenes Pichileminos, Habrían rastreado el sitio y encontrado restos de equipos de campamento ocultos bajo las arenas. Objetos inocuos, no armas, los que sustrajeron y llevaron a sus casas. Mediante algún canal, se filtró el episodio y tomó cuerpo la idea de un presunto grupo guerrillero habría pernoctado a la espera de una nave que les permitiera evacuarlos a otra más grande, posiblemente un submarino ruso y abandonar el territorio.
Puras pamplinas, según lo que confidencia un alto oficial del Ejército, quien, al mencionarle el asunto del barco de la Armada que vi esa tarde desde el estacionamiento del Rex, señala que en esa oportunidad, él también se encontraba en medio del gentío. En esa época, hacía poco que había egresado de la Escuela y en un operativo en los que me tocó participar, recibí una lesión que me impedía estar activo, me otorgaron una licencia y luego de estar unos días en casa de mis padres, decidí pasar el resto de la licencia en la casa de la playa, en Pichilemu, donde me sentía a mis anchas y tenía numerosos amigos con quienes me entretenía. Cierto día, en compañía de uno de ellos, nos encaminamos por la orilla de la playa en dirección a Chorrillos, luego de un rato, mientras andábamos, extraje un par de granadas de guerra que conservaba del material que por esos días nos proporcionaban sin mayor control y las que no reporté en la unidad. Mi amigo, nunca había tenido una granada en sus manos, le enseñé a usarlas y lanzamos una cada uno para observar el efecto en el agua y en las dunas. La explosión pudo ser percibida desde el pueblo, quizá la casa de don Vara a unos 800 metros de distancia, o algún personaje que merodeaba o transitaba y nos vio y pudo transmitir el episodio a carabineros o a los militares de la plaza, generando el alerta de la Armada y la inusitada visita del crucero o destructor. Ya a estas alturas acuso un poco de confusión.
El Prat, el O’higgins o el Almirante Latorre, 04 o 05, una o dos veces. Me consta sólo una vez y todavía me parece increíble, una nave de la Armada a unos 200 metros de la línea de playa, ahí donde se extingue la última ola, frente al histórico Muelle Ortúzar, demostrando de paso, que las condiciones del fondo marino no han variado sustantivamente, quizá ahora, después del tsunami haya experimentado algún cambio.
El llamado canal existía, medido y explorado por Francisco Vidal Gormáz y declarado por éste como el lugar más apto para construir una instalación portuaria, luego de estudiar la costa de las provincias de Colchagua y Curicó en dos ocasiones, el año 1872 y 1885. A don Daniel le bastó el primer informe y primero que todo, compró a doña Jacoba Gaete los terrenos adyacentes al borde costero, obtuvo un Decreto Supremo que lo autoriza a construir un muelle e inició las obras, las que ya concluían cuando Vidal Gormáz realizó la segunda visita.
Lo cierto es que en ese preciso lugar es que la nave, instalada ahí a fines del año 73, con toda la paranoia post golpe, debía de tener una razón gorda para exhibir su eslora por babor, esa tarde. El ágape de una veintena de amigos de siempre, transversales, claro está, puro jolgorio juvenil. La vaquita infaltable y el auspicio de los anfitriones, la Hostería Rex.
Todos jurábamos estar piolitas, los ventanales con sus respectivas cubiertas que los defienden de las inclemencias del norte y la lluvia, y ahora, de la vista. La exposición de un grupo de jóvenes enfiestados, en estado de sitio, nos hacía merecedores a una sanción. Cosa grave, pero el revuelo no era por nosotros, nunca tanto. Una recomendación del jefe de la plaza a terminar lo más pronto y todos para sus casas.
El correo de las brujas, dice que durante la noche anterior, un presunto pesquero realizó un intercambio de señales de luces desde el mar a tierra, a la cuadra del lugar denominado Nazareto o Lazareto, un sitio de dunas, cuyas arenas colonizaron el espacio del borde costero que media entre el océano y la ribera del Estero de Petrel, ahí donde éste cambia su dirección hacia el sur. Pués bien, en los alrededores de dicho lugar, jóvenes Pichileminos, Habrían rastreado el sitio y encontrado restos de equipos de campamento ocultos bajo las arenas. Objetos inocuos, no armas, los que sustrajeron y llevaron a sus casas. Mediante algún canal, se filtró el episodio y tomó cuerpo la idea de un presunto grupo guerrillero habría pernoctado a la espera de una nave que les permitiera evacuarlos a otra más grande, posiblemente un submarino ruso y abandonar el territorio.
Puras pamplinas, según lo que confidencia un alto oficial del Ejército, quien, al mencionarle el asunto del barco de la Armada que vi esa tarde desde el estacionamiento del Rex, señala que en esa oportunidad, él también se encontraba en medio del gentío. En esa época, hacía poco que había egresado de la Escuela y en un operativo en los que me tocó participar, recibí una lesión que me impedía estar activo, me otorgaron una licencia y luego de estar unos días en casa de mis padres, decidí pasar el resto de la licencia en la casa de la playa, en Pichilemu, donde me sentía a mis anchas y tenía numerosos amigos con quienes me entretenía. Cierto día, en compañía de uno de ellos, nos encaminamos por la orilla de la playa en dirección a Chorrillos, luego de un rato, mientras andábamos, extraje un par de granadas de guerra que conservaba del material que por esos días nos proporcionaban sin mayor control y las que no reporté en la unidad. Mi amigo, nunca había tenido una granada en sus manos, le enseñé a usarlas y lanzamos una cada uno para observar el efecto en el agua y en las dunas. La explosión pudo ser percibida desde el pueblo, quizá la casa de don Vara a unos 800 metros de distancia, o algún personaje que merodeaba o transitaba y nos vio y pudo transmitir el episodio a carabineros o a los militares de la plaza, generando el alerta de la Armada y la inusitada visita del crucero o destructor. Ya a estas alturas acuso un poco de confusión.
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